Rosa JAITIN

Vínculos de trabajo y trabajo de los vínculos

Décimas Jornadas Científicas – Cuartas Jornadas Internacionales

Vínculos de trabajo-

“Liens de travail – Enjeux psychiques contemporains”

21 y 22 de noviembre de 2014

 

Noción de trabajo

La cuestión de nuestras jornadas científicas sería explorar cómo el inconsciente busca sus formas de expresión cuando los vínculos de trabajo implican un particular sufrimiento. Para la psicoanalista que soy, hablar de trabajo es necesariamente referirse al del inconsciente, que tiene como modelo el trabajo del sueño que se pone en escena en el grupo, que es el escenario del vínculo de trabajo. El grupo como sueño son aparatos de transformación del contenido fantasmático latente al contenido manifiesto.

Para abordar la cuestión de los lazos de trabajo estamos obligados a apelar a una “epistemología convergente”. La epistemología convergente es una visión en la cual el esquema conceptual de cada disciplina es puesto en perspectiva con todas las ciencias del hombre que funcionan como una unidad operacional enriqueciendo tanto el objeto del conocimiento como las técnicas para su abordaje (Pichon-Rivière, 1960).

Dos tradiciones se oponen en las investigaciones sobre el vínculo de trabajo; una considera el trabajo del «homo laborants» como un castigo (siguiendo la tradición bíblica); y la otra considera el trabajo como un espacio de acceso a la libertad y a la creatividad. El trabajo sería una forma directa de sostén material y a la vez indirecta de acceso a la subjetividad, y quizás en algunas condiciones, una forma de acceso a la emancipación subjetiva.

La noción de trabajo fue analizada por la filosofía en diferentes dimensiones:

– Por una parte, la teoría social propone que el trabajo de cooperación entre los hombres actuando juntos sobre la naturaleza podría ser una función de socialización.

– Por otra parte, el trabajo supone un conocimiento del objeto y los sujetos que trabajan.

Los desarrollos teórico-clínicos de Pichon-Rivière abundan en este sentido, así como las investigaciones contemporáneas.

– Además, en el plano práctico y normativo el trabajo permitiría a los sujetos tomar consciencia de sus capacidades y de sus necesidades. En este sentido la praxis sería el conjunto de prácticas a través de las cuales el hombre transforma la naturaleza y el mundo, lo que lo compromete en la estructura social que determinan las relaciones de producción en un estadio de la historia.

 Las alianzas inconscientes

 Voy a abordar los vínculos de trabajo a través de la perspectiva xdel psicoanálisis de los vínculos, más precisamente a partir del trabajo psíquico de la construcción de los vínculos. El psicoanálisis aportó una nueva perspectiva a las alianzas materiales o virtuales para realizar una tarea. Estas alianzas le proporcionan a la vez un beneficio material y psíquico; implican obligación y asujetamiento: los sujetos sólo pueden escaparse en ciertas condiciones y en realidad no siempre. Se construyen para proteger a los sujetos y a sus ideales, para crear y reforzar los sistemas de protección contra las angustias primitivas por medio de mecanismos de represión y denegación.

Estas alianzas organizan el vínculo intersubjetivo y el inconsciente de los sujetos. Son el cemento de la materia psíquica del vínculo que los une a unos y otros en la pareja, la familia, un grupo o un conjunto institucional.

Ces alliances organisent le lien intersubjectif et l’incon

Las alianzas inconscientes son:

  • Formaciones psíquicas comunes y compartidas
  • Que se anudan entre los sujetos de un vínculo
  • Que aseguran las acciones y los intereses comunes
  • Que son un medio de cumplimiento de los deseos inconscientes.

Estas diferentes formas de alianzas inconscientes pueden ser alienantes y/o estructurantes.

Estas alianzas inconscientes están siempre presentes en todas las formas de la transmisión psíquica. Pueden crear zonas peligrosas, espacios basureros “radioactivos” cuando la transmisión se bloquea por efectos traumáticos que la psiquis no logra elaborar. Dos grandes formas de alianzas fueron estudiadas por P. Aulagnier (1975) y R. Kaës (2009), el contrato narcisístico y el pacto denegativo.

“El contrato narcisístico se establece gracias a la pre-investidura por parte del conjunto del infans como voz futura que tomará el lugar que le sea designado: dota a éste por anticipación del rol del sujeto del grupo que proyecta sobre él” (Aulagnier, 1975).

El pacto denegativo puede así tener dos polaridades: defensiva del espacio intersubjectivo (crea zonas de silencio, no transformables, bolsillos de intoxicación, espacios basureros) y organizadora del vínculo y del espacio psíquico; permite una complementariedad de intereses, para asegurar la continuidad de los ideales.

Los vínculos corresponden al tejido de las investiduras narcisísticas y de los anclajes simbióticos de cada uno, tejido constituido a partir de las alianzas inconscientes del grupo familiar y social.

Las alianzas inconscientes tendrían diferentes funciones de base: entre las cuales el reconocimiento y la transmisión son, desde mi punto de vista, fundamentales.

El reconocimiento

La primera función es la del reconocimiento.

1 – En su vertiente protectora, el contrato narcisístico es una forma de alianza que da un reconocimiento mutuo, del mismo modo que el pacto denegativo permite conservar ciertas zonas de silencio para proteger el vínculo.

La unidad de análisis de estos tipos de alianza es el vínculo inconsciente. ¿Cómo definirlo? El vínculo es una estructura de relaciones que tiene un efecto de combinación en la cual los sujetos comparten fantasías e imagos inconsciente. La importancia de la vida fantasmática e imagoica sería la de asignarle a cada sujeto ciertos emplazamientos afectivos, de amor y de odio. Es decir, que el reconocimiento mutuo de los lugares del lado del amor aporta un reconocimiento de sí mismo para los otros y de los otros para el sujeto. Pero del lado del odio, éste produce un no reconocimiento del otro del lado del rechazo y de la exclusión. Es a partir del reconocimiento del otro que va a nacer un sentimiento de pertenencia al vínculo. La toma de consciencia de este reconocimiento otorga el sentimiento de pertenecer al propio cuerpo-psiquis, a una familia, a una pareja, a un sistema de creencias, a un sistema cultural, social y político. Es decir, reconocer que se pertenece al mundo humano donde se sitúa el vínculo de trabajo.

Axel Honnet (1958) aborda el trabajo de la negatividad y realiza una revisión psicoanalítica de la teoría del reconocimiento en los vínculos de trabajo.

El término reconocimiento puede entenderse como reconocimiento cognitivo de un objeto o de una persona, o como el reconocimiento de la legitimidad de una autoridad institucional, o también como reconocimiento de sí bajo la forma de un cumplido o de un recuerdo.

Para Honner el reconocimiento sería una relación moral entre sujetos en los vínculos horizontales, una relación en la cual individuos humanos se reconocen mutuamente ciertas cualidades morales. El reconocimiento interpersonal cobra diferentes formas: sentimiento de amor y de amistades, respeto mutuo de los derechos o relaciones de cooperación social.

Dentro de las formas afectivas, jurídicas y sociales de reconocimiento, es sobre todo la dignidad moral de los sujetos humanos la que debe permitir adquirir y mantener un rapport positivo en sí mismo.

Las experiencias del desprecio y la denegación de reconocimiento son reveladoras de patologías sociales, cuya forma de expresión actual es el vínculo de perversión.

A pesar de su optimismo, A. Honnet (1992) admite que existen formas perversas de reconocimiento que devienen una ideología que confronta el discurso con sus contradicciones. El sistema neoliberal recuperó para sus fines el alcance del reconocimiento. El reconocimiento mutuo aparece en otra definición del vínculo como “una operación de hacer entre, que sitúa a A frente a B y en la cual adviene la subjetividad” (I. Berenstein, 2004). Este hacer juntos es del orden simbólico del actuar (o accionar, ver la mejor traducción de agir) (Hanna Arendt, 1961). En efecto, los sujetos se construyen en función de un hacer juntos. Hacer con el otro introduce la idea de la hospitalidad como proceso de recepción de la diferencia del otro. La cuestión sería considerar la acogida como un movimiento de apertura hacia el otro. Para los autores, “la acogida implica ya la separación. Y en “esta acogida existe un tercio que no es el otro y es otro en el prójimo al mismo tiempo que es ese prójimo (Derrida, Levinas, 1997).

El reconocimiento fue también una temática tratada por Pichon Rivière en psiquiatría en un Hogar de niños y adolescentes. En este contexto, él se interroga sobre los problemas de no reconocimiento en la filiación con los que se pueden encontrar estos jóvenes, separados de sus familias. Analiza la cuestión de la familia, tanto en la producción de la enfermedad como en el contexto institucional. Según este autor, la familia como un grupo se estructura a través de vínculos inconscientes. Las representaciones inconscientes toman forma en las costumbres y las creencias familiares que corresponden al grupo de pertenencia de origen (E. Pichon-Rivière, 1960a).

La segregación de un miembro de la familia, es decir su no-reconocimiento, lo conduce a introducir la cuestión de la pertenencia al grupo. Pichon-Rivière articula la noción de filiación con las de afiliación y pertenencia. El vínculo de filiación no es sinónimo de reconocimiento del sujeto por parte de su familia. Los vínculos se construirían en un proceso que tiene como punto de partida la transformación de la filiación en afiliación.

Entonces, la afiliación puede ser producida por múltiples factores en relación con los procesos precoces, con las identificaciones en las cuales es posible ver cómo se constituye la posibilidad de afiliación a un grupo o a una comunidad determinada. La afiliación se transforma en pertenencia cuando significa una mayor integración al grupo. El sentimiento de pertenencia sería la expresión de la construcción de un grupo. La pertenencia se acompaña de una identificación con los eventos y las vicisitudes, resultantes de la representación mutua.

Hemos considerado los diferentes niveles del reconocimiento, a nivel familiar, cultural, social y en los vínculos de trabajo.

Las experiencias del desprecio y la denegación del reconocimiento son reveladoras de las patologías sociales, cuya forma de expresión actual es el vínculo de perversión.

La cesantía no tiene contrato narcisístico original porque el sujeto no se siente reconocido en su pertenencia a un grupo social que lo excluye, produciendo alteraciones en su pertenencia familiar, en tanto adulto capaz de asumir el cuidado de su filiación, activa la ruptura de los nudos simbióticos y provocando un sentimiento de despersonalización.

  1. La transmisión y la comunicación: segunda función de las alianzas inconscientes

Por el lado de la Escuela de Frankfurt, Max Horkheimer (1930) se hace la pregunta respecto del vínculo de trabajo en su relación entre el sujeto cognoscente y el objeto de conocimiento: el proceso de producción sería la realización inconsciente del trabajo y de la relación cooperativa de todos los sujetos laborantes. Se apoya en la concepción funcionalista de Eric Fromm. El conocimiento sería para el auto un proceso dualista: ajustado a la realidad y sometido también a la pulsionalidad.

Por su parte, Habermans (1970) introduce la idea del “accionar comunicacional instrumentall’agir communicationnel instrumental” (1987), apoyándose sobre la teoría de los sistemas y sobre la de Georges Mead acerca del “otro generalizado”. Habermas entrega la base a la teoría de la intersubjetividad, anclada sobre las estructuras del lenguaje y de la acción.

¿Qué es lo que se transmite en los vínculos de trabajo? ¿Cómo se aprende una profesión? La transmisión del conocimiento tiene su origen en la transmisión de la vida psíquica. En todo empleo o profesión se transmite un esquema referencial, como un conjunto de experiencias, de conocimientos y de afectos, con el cual el individuo piensa y actúa.

Las investigaciones sobre la comunicación efectuadas por Pichon Rivière y David Liberman en Argentina; y Gregory Bateson en Palo Alto, sobre la comunicación paradojal, fueron un antecedente para las investigaciones sobre las diferentes formas de transmisión. Yo había puesto en relación los procesos de transmisión con la búsqueda del reconocimiento. En un primer momento, el reconocimiento del otro objeto está dado por las relaciones de semejanza, a partir de las cuales es posible identificarse con el objeto. Pero, en el mismo acto, el sujeto identifica el objeto y es identificado, reconocido por el otro. El reconocimiento no está solamente determinado por las relaciones de semejanza sino que se trata también de un modo de relación entre el sujeto y el objeto. El mecanismo central del vínculo de reconocimiento sería entonces la identificación, definida como primera forma de contacto afectivo, como proceso de búsqueda y de ligazón a partir de lo que hay en común. Se puede decir que toda relación de semejanza contiene una relación de diferencia negada, y eso puede o no evolucionar hacia el reconocimiento de las diferencias.

Toda situación de aprendizaje como “encuentro”, como relación de intercambio, supone una conexión con modelos internos, desarrollados a partir de experiencias previas. Pero establecer el sentido del aprendizaje no es solamente trabajar en la dirección del encuentro.

La dirección del proceso de desarrolla en la situación del encuentro inicial en su transformación hacia un nuevo encuentro. ¿A qué hace alusión esta transformación? El re-conocimiento inicial del objeto otro pone en relación con personajes fantasmáticos arcaicos, a partir de la “semejanza” entre lo interno y lo externo. El aprendizaje “operativo” tiende a establecer diferencias, para delimitar el “fantasma ilusorio” que cierra la transformación de lo real.

Aprender significa primeramente apropiarse, transformar en algo propio, pasaje de lo que es externo a lo que es interno y recíprocamente; mutación de la acción a la acción representada. Esta posesión tiene un carácter instrumental, en una triple acepción: el sentido sería el de recuperar “el pasado en función del presente, tendiendo a un futuro, de manera integrada (Jaitin, 1982).

Desde esta perspectiva Pichon-Rivière (1969) define el aprendizaje como “el proceso de apropiación instrumental de la realidad para modificarla modificándose”. Lo que se aprende no depende de la lógica del pensamiento secundario, sino también de las lógicas del inconsciente originario y primario.

Es por esto que la transmisión de la vida psíquica se encuentra en el corazón de la vida familiar y organiza su temporalidad. ¿Pero qué es lo que se transmite? Etimológicamente, la idea de transmitir contiene la de un trayecto, un pasaje. Esto retrae a una forma de comunicación, por el hecho de hacer llegar una cosa a otro. La idea de transmitir indica una doble dimensión; la de pasar y la de hacer pasar. Evoquemos aquí la célebre frase de Goethe retomada por Freud: “Lo que has heredado de tus padres, aprópiatelo para poseerlo”. Esta nos enseña que la transmisión tiene una forma al mismo tiempo pasiva y activa, implicando continuidad y transformación.

La cuestión de la transmisión y del reconocimiento en las alianzas inconscientes tiene un escenario, que es el grupo. Veremos entonces por qué los grupos, en sus diferentes formas (familiar, social, de trabajo), contribuyen a la realización de un trabajo al mismo tiempo material y psíquico.

 

Por qué el grupo; Grupo y Tarea

Voy a confrontar a dos autores que fueron pioneros en el psiconálisis grupal, E. Pichon-Rivière y R. Kaës, para comprender la dinámica, la tópica y la economía de los vínculos de trabajo.

Grupeo para E. Pichon Rivière

Encontraremos problemáticas comunes entre los desarrollos teórico-clínicos de Pichon Rivière y los de la escuela de Frankfurt, pero él introduce la perspectiva grupal en la relación con la tarea, retomando las investigaciones de Bion respecto de esto. La teorización de Pichon-Rivière sobre la problemática de los vínculos y su puesta en práctica en la concepción y la técnica del “grupo operativo” ofrece la posibilidad de escuchar y de acompañar la transformación potencial de los vínculos en sus diferentes niveles de encaje y de articulación. Las técnicas del “grupo operativo” se inscriben como una modalidad de intervención en el campo de la producción material y simbólica. Esta modalidad de trabajo con el grupo está en relación con la concepción de vínculo en E. Pichon-Rivière y René Kaës. La subjetividad emerge como resultado de relaciones concretas de existencia. El Sujeto se configura en esas relaciones: “es el creador de su universo social, material, simbólico que a la vez lo alberga y lo constituye” (A. Quiroga, 2002). Los vínculos entre los sujetos son la condición misma de su existencia y en este sentido, el grupo de trabajo, el grupo familiar y social es omnipresente en todas las familias. El Sujeto va, luego, a potencializarse a partir de los procesos de identificación recíproca, de reconocimiento y de transmisión a través de las generaciones que van a crear las condiciones de la simbolización.

Esta concepción del Sujeto del grupo y de Comunidad suponen que la relación entre el grupo y el Sujeto sea de institución mutua y recíproca. Esta muestra también que el grupo- horizonte inmediato de la experiencia social- cumple una función de mediación y de articulación entre el orden socio-histórico y la subjetividad. El grupo sería el eslabón faltante para retomar a Jean Claude Rouchy (2008).

Para E. Pichon-Rivière, el trabajo es un organizador psíquico y social. La cuestión del trabajo es retomada a través del concepto de tarea que es un proceso multidimensional que implica el “hacer con el otro” en la elaboración simbólica y el trabajo psíquico de las angustias así movilizadas. Lo “operativo” alude al hacer, a la utilización del grupo como espacio intermediario de análisis de los obstáculos que surgen siempre entre los sujetos y la tarea que realizan. En el hacer con los otros, los sujetos efectúan una actividad material y representativa, como actores de un proceso de construcción de su universo simbólico. El reconocimiento entre los sujetos está en relación con la perspectiva de un proyecto que entra necesariamente en contradicción con la resistencia al cambio, La concepción de Sujeto del grupo y la del grupo remiten una a la otra. Si el Sujeto es, en cuanto a él, esencialmente Sujeto de una praxis compartida, la operatividad, la transformación, el sostén recíproco serán necesariamente características de los grupos. La técnica del “grupo operativo” lleva a la realización de un trabajo psíquico de naturaleza elaboradora porque los obstáculos para la tarea tienen su génesis en los fantasmas y las imagos compartidos. Estos movilizan las angustias primitivas que ponen en marcha mecanismos defensivos más o menos rígidos. Estas contradicciones, fantasmas y angustias compartidas o complementarias se expresan tanto en las relaciones con el trabajo como en el nivel de las modalidades de relación y de simbolización.

La especificidad del trabajo del “grupo operativo” es analizar los obstáculos a la tarea, es decir, el desajuste entre el trabajo prescrito y el trabajo realizado. Este problema constituye un obstáculo central en todos los vínculos de trabajo.

Para éste, no existe grupo sin tarea, sin un objeto; la tarea constituye un organizador grupal; tanto en el nivel latente como manifiesto. El grupo de construye a partir de una tarea que pone en marcha el proceso de simbolización y de representación mutua entre los sujetos de un grupo.

La unidad de análisis en los grupos sería la triangulación: sujeto, grupo y tarea. La dificultad de transmisión y de apropiación del conocimiento necesario tiene sus raíces en los obstáculos (epistemológicos y epistemofílicos) que generan una distancia entre el proyecto y el hacer.

Los procesos asociativos en los grupos se organizan a partir de la tarea que opera como una representación fina, como un organizador insconsciente.

Para completar el concepto, existe una segunda triangulación: la tarea latente, la estructura grupal y el contexto en el cual la tarea se realiza, forman una ecuación, fuente de fantasmas inconscientes. Es decir que la consideración del contexto institucional (empresa u otro), del contexto social, cultural y político así como las alianzas fundadas sobre una ética, son vectores indispensables para comprender los obstáculos epistemológicos y epistemofílicos con los cuales se ven confrontados los sujetos en la realización de sus tareas.

Las angustias movilizadas por los obstáculos provocan formas regresivas. El objeto de conocimiento es vivido como peligroso con el riesgo de atacar al Yo (el miedo al ataque), temor de perder la identidad propia. Los grupos son espacios de construcción de vínculos de amistad y de enemistades para construir un enemigo. Retomaré las palabras de Umberto Eco (2012): … parece que no podemos vivir sin enemigo… la ética no nos alcanza cuando aparentamos no tener enemigos, sino cuando intentamos darles su lugar.

Comprender al otro significa destruir los clichés que lo rodean, sin negar ni borrar su alteridad”.

Para continuar, la comprensión del proceso psíquico grupal, y los mecanismos que allí operan, los aportes de R. Kaës son indispensables.

El grupo para René Kaës

El grupo es definido por R. Kaës (1994) como una construcción de vínculos, como un aparato psíquico de transformación. El trabajo psíquico de ligazón produce un tejido, un objeto investido que deriva y liga las excitaciones que se producen cuando los sujetos están juntos. Si este trabajo de ligazón se produce, las excitaciones se transforman, no se acumulan, y no se vuelven patológicas. Es decir que los grupos, en ciertas condiciones, son un espacio psíquico que tiene el potencial de contener, de desintoxicar y de transformar los elementos brutos que son proyectados en un marco que los contiene, o se devuelven sobre el propio cuerpo (enfermedades psicosomáticas), o pueden ser expulsados hacia el cuerpo del otro.

El grupo sería un dispositivo potencial de relación y de transformación de los elementos psíquicos aportados por cada sujeto. La combinatoria de los vínculos es posible porque existe un emparejamiento entre las formaciones intra-psíquicas y las formaciones intersubjetivas y transubjetivas, es decir entre los grupos internos de cada sujeto y el grupo externo.

Según la finalidad de cada grupo existen organizadores particulares para cada forma de ligazón (pareja, fratría, familia, grupos e instituciones) que se encuentran ligados a la tarea manifiesta y latente de cada organización y representación de los vínculos.

Los grupos en su construcción y su funcionamiento tienen diferentes polos: el polo isomórfico que busca la igualdad. El polo homomórfico que lucha por la semejanza (que contiene la igualdad y la diferencia: un polo di-mórfico que cliva las diferencias (dilemas).

El polo a-mórfico que está en la fundación de todos los vínculos y que no parece tener forma sería la forma primitiva de los vínculos. (Sociabilidad sincrética, para Wallon y Bleger).

El grupo se construye en un proceso que es una sucesión organizada, regular y constante de fenómenos en movimiento. Supone un origen, una sucesión que se desarrolla según una dinámica, en un espacio y tiempo específicos, que son los dispositivos que creamos para permitir que el proceso grupal se desarrolle. Pero este proceso se inscribe siempre en una estructura particular que le da forma. La estructura de cada sujeto y del conjunto se sitúa siempre en un espacio institucional, cultural, comunitario, que tiene una cierta estabilidad según las circunstancias. Los vínculos de trabajo están sometidos a todos estos determinantes.

Los fantasmas de grupo o la inter fanstamatización en los grupos son escenarios de realización inconscientes de deseo que dan lugares a los sujetos en acciones que ocurren en ciertos escenarios. El grupo funciona por resonancia fantasmática que sería el resultado de deseos y defensas frente a las angustias.

R.Kaës (1999) diferencia categorías de análisis del proceso psíquico en los grupos: procesos originarios, primarios, secundarios, terciarios, de inter fantasmatización.

  1. Los procesos psíquicos grupales originarios (Aulagnier); el grupo provoca angustias y defensas psicóticas, que se caracterizan por la no separación de la psiquis individual, y lo desconocido del otro y de nosotros mismos que produce efectos psicotizantes (abrumarse, quedarse en blanco, desaparición de los afectos, pánicos). Lo originario es una forma de actividad y un modo inaugural de funcionamiento psíquico que se produce en el encuentro entre la psiquis del niño y el mundo que lo rodea (pictograma de P. Aulagnier). Estos procesos se reactualizan en el grupo bajo la forma de la ilusión grupal (Anzieu).
  2. Los procesos psíquicos grupales primarios: la energía se encuentra libre, no ligada y está bajo la influencia del principio de placer. Diferentes mecanismos se ponen en juego:

– la identificación (que sería la primera forma primitiva del vínculo afectivo y sus variantes (identificación proyectiva, identificación adhesiva, incorporación).

– el desplazamiento: es una forma de la grupalidad interna, es decir que la intensidad de las representaciones inicialmente bajas deriva unas de otras.

– la condensación: que configura la persona-conglomerado que va a reagrupar los diferentes personajes constituyendo una persona única. Este mecanismo es el que predomina en la ilusión grupal, la sociabilidad sincrética o la multitud.

– la difracción: es responsable de la figuración múltiple de aspectos del Yo, representados por personajes u objetos. Este mecanismo es una descondensación de los diferentes aspectos del grupo interno de cada uno de los participantes del grupo. Se trata de un mecanismo que está al servicio de la censura que camufla por diseminación.

– la multiplicación del semejante es un mecanismo para representar la frecuencia de una acción y es una representación espacial de la temporalidad.

  1. Los procesos psíquicos grupales del pensamiento: la energía está ligada. Las palabras elaboradas por el pensamiento se articulan entre ellas por el despliegue de las significaciones. Aulagnier sitúa en el proceso secundario la capacidad de emergencia que denomina “yo”. Las representaciones se benefician de una cierta estabilidad, por el hecho de la satisfacción del principio de realidad.

Se trata de procesos específicos de la actividad preconsciente-consciente; y vuelven inteligibles los procesos primarios. Participan de los símbolos culturales.

  1. Los procesos psíquicos terciarios del pensamiento: André Green (1972) propone este concepto para ir más allá de una limitación de la teoría freudiana que opone procesos primarios irracionales y procesos secundarios racionales. Freud presiona hacia la intelectualización y la mentalización. Los procesos terciarios o intermediarios permiten un vay y ven fluido entre los dos. Ligados al lenguaje constituyen un conjunto de transición y de transformación característicos de la movilidad psíquica, que favorece el juego, la creatividad y la invención. Traducen el inconsciente a la experiencia cultural y social. Los mitos, los cuentos, las utopías, las ideologías son aparatos de interpretación colectiva. Los mitos son formas de explicación sobre los orígenes de cada uno en el grupo.
  2. La inter-fantasmatización es un proceso de construcción de fantasías compartidas, escenarios de realizaciones inconscientes que dan lugares coordinados con las acciones. Los procesos asociativos en los grupos son dispositivos de metabolización que relanzan la actividad del “preconsciente” en beneficio del proceso primario, secundario y terciario. Es decir que la actividad de um sujeto puede abrir o inhibir la actividad preconsciente del otro. Es una función materna primitiva. Estos procesos explican por qué el grupo es un dispositivo privilegiado de transformación psíquica.

Nos queda un último eje de reflexión en torno a los vínculos de trabajo respecto del número de participantes y del tipo de organización.

El gran grupo

Mis investigaciones en sala cuna en Buenos Aires; en torno a los grandes grupos en la universidad y mi trabajo actual en el marco de un seminario de formación en gran grupo, me han permitido establecer ciertas constataciones clínicas respecto de la cuestión del gran grupo (Jaitin, 1987). Volvamos brevemente al estudio psicoanalítico de la vida social e institucional inaugurado por S. Freud. Apoyándose en la invención del paradigma ficticio del “mito de la horda primordial”, S. Freud en Tótem y Tabú (1913) develó la presencia constante en todo grupo, de la fantasía inconsciente del asesinato del padre, que funda la vida social y el acceso al orden simbólico que constituye el núcleo de la educación y de la cultura. Este texto tiene una importancia central en la fundación y el funcionamiento de las instituciones. Le Bon y Freud consideraron los problemas de la regresión del pensamiento en los fenómenos de masa, que dificultan la actividad del preconsciente.

La manera en que la regresión se pone en juego en lo social y en la cultura, es introducida por S. Freud (1913) a través de la ficción teórico-mítica del asesinato del Padre que toma en cuenta la herencia filogenética y donde se incluyen las cuestiones de los orígenes y el lugar del ancestro y de los hijos. Desde este punto de vista, el imago de la horda primordial aparece como un modelo universal construido históricamente, el cual representaría al Padre como una figura común e idealizada, y que contribuiría a la constitución del Superyó en la tópica del aparato psíquico.

Por otro lado, el modelo de Tótem y Tabú (1913) correspondería a una versión paternal del complejo de Edipo, en sus componentes homosexuales y narcisísticas, donde las investiduras megalomaníacas y de identificación con un padre todopoderoso son desplazadas sobre los hermanos y sobre la cultura.

Más tarde, en Psicología de las Masas y Análisis del Yo (1921), al mostrar que el conductor es el depositario del ideal del Yo de cada uno de los miembros de un conjunto, S. Freud situó la función del ideal del Yo en el primer plano en cuanto a los fenómenos relacionales presentes en un grupo.

Esta concepción lo condujo a describir vínculos de identificación mutua entre los miembros del grupo con el líder y de manera más general, a concebir la noción de identificación como formadora del Yo y como forma primitiva de vínculo.

Siguiendo este modelo, diremos que la identificación con el conductor podría transformar la rivalidad en una identificación mutua; o por el contrario, destruir los vínculos entre los sujetos. La

La «sumisión voluntaria» (La Boétie, 1548); «la banalidad del mal» (Arendt, 1963); la ley de obediencia debida (23.521, 1987) en Argentina, atestiguan que lo inhumano habita en cada uno de nosotros. Partiendo de la inhumanidad de lo humano, Christophe Dejours vuelve a poner en cuestión la hipótesis de Freud según la cual el amor y la libido serán el fundamento del lazo social. Según el autor «la identificación con un conductor conlleva a la regresión del pensamiento, forma multitudes, sin vínculo real, es lo seco, la masa». Además, afirma que el «proceso que preside el rol de chivo expiatorio descansa en la destrucción de los vínculos de cooperación, bajo el imperio del miedo; y la estrategia de defensa sería la de designar un enemigo común para salvaguardar la cohesión.

Ya me había ocupado del problema de los fenómenos de masa presentes también en el trasfondo de los grupos restringidos para la transformación de la representación de la pulsión como un proceso que produciría fenómenos regresivos de desagrupamiento y obstáculos epistémicos en el grupo de niños (Jaitin, 1987).

Pero en todo proceso de creación, la regresión es un movimiento complementario a la progresión. No hay progresión sin regresión. Desde mi punto de vista la regresión en el gran grupo demanda la creación de dispositivos que permitan el reconocimiento de los sujetos que participan de éste.

Estoy de acuerdo con C. Dejours que interroga y cuestiona el texto de Freud sobre el Malestar en la cultura (1929). ¿Acaso el miedo de perder el amor parental o el reconocimiento impiden hacer el mal? Pasión de servir, amor por la esclavitud… reconocimiento del otro como un espejo, diría nuestro colega Bertrand Ogilvie…

La cuestión de la dependencia ciega del reconocimiento en los vínculos (verticales y horizontales) constituye un problema central que no es inherente al proceso de identificación. Se trata aquí de la ética del líder y del respeto por el otro como semejante.

Efectivamente, las disfunciones en los mecanismos de identificación están ligados a las fallas en los garantes metapsíquicos y metasociales. Y cuando los garantes metapsíquicos son defectuosos el preconsciente es sacado de circulación, ya que es éste el que asegura la actividad de simbolización y la construcción del sentido, en los vínculos intersubjetivos

En consecuencia, el pensamiento se vuelve un pensamiento de masas.

En mis investigaciones sobre los grupos de niños en sala cuna, pude constatar que el fenómeno de masas no puede limitarse a la cuestión del número. La cuestión del anonimato, de lo impersonal, es decir, la representación de la masa se mostró muy importante en esta investigación institucional. Los niños que compartían la vida cotidiana, en pequeños grupos, no podían nombrarse a sí mismos. Algunos estaban designados por terceros. Otra observación mostraba la dificultad para reconocer los nombres de los gemelos. Estos no sólo eran nombrados como «jum» (de jumeaux, gemelos en francés), sino que además cada uno declaraba llamarse Victor. No pudimos clarificar esta situación antes de poder consultar las listas de la institución; entonces, uno de ellos se llamaba Claude. El no reconocimiento social y cultural de los niños y de su familia hacía que esta última se presentara para la institución como un sujeto anónimo. Las dificultades generales de la presentación inicial en este grupo de niños nos hicieron pensar que nos habíamos equivocado en la propuesta de la presentación, por haber utilizado otros marcos culturales de referencia. Es por esto que, en la segunda entrevista grupal, propusimos que se presentaran por el sobrenombre, nominación frecuente en este medio. Pero los niños tradujeron la palabra «sobrenombre» por apellido (nom de famille).

En el contexto del grupo, el nombre no aparecía para nombrar a los otros niños, lo que se utilizaba era la apelación «chiquillos » (gars). Es decir que no solamente los niños no podían dar su nombre, sino que los otros no podían nombrarlos tampoco (R. Jaitin, 1987).

Trabajé por otro lado en grandes grupos de formación universitaria, la cuestión de loa crisis epistémica al inicio y al final de los estudios (Jaitin, 1995). Caractericé la crisis epistémica como un proceso en el cual el pensamiento primario irrumpe en el pensamiento secundario creando una confusión que altera los procesos intermediarios entre la representación afectiva y cognitiva. En el grupo universitario, el encuentro de la mirada del otro y la nominación ofrecen apoyos que le dan al sujeto la seguridad de un reconocimiento narcisístico. Pero la falta de acompañamiento de la situación epistémica institucional conduciría a veces a los estudiantes a buscar modelos autoritarios o modelos idealizados para reencontrar un sentimiento de seguridad narcisística.

No obstante, mis ocho años de investigación sobre el gran grupo en Argentina y en Francia me permitieron verificar que la creación de una zona intermediaria entre la realidad psíquica personal y la experiencia cultural propuesta por D. W. Winnicott (1951) conduce a suponer la existencia de espacios intermediarios epistémicos que asegurarían la continuidad entre la representación social del estudiante, el trabajo creativo y la tarea científica.

Dicho de otro modo, estos espacios intermediarios epistémicos podrían contribuir a la ligazón entre un «espacio cultural subjetivo» y un «espacio cultural objetivo», entre la historia personal y la epistemología de un objeto científico dado.

Estas proposiciones conducen ahora a pensar que la cultura, la institución y el grupo pueden tener una función de acompañamiento para la representación de la vida pulsional, en particular para la pulsión de saber y el reconocimiento de la capacidad potencial del sujeto para hacer un trabajo en el cual éste podría transformar la realidad que lo rodea transformándose a sí mismo, en la medida que logra articular el pensamiento, el afecto y la acción.

Resumen

Para el psicoanálisis, hablar de trabajo es necesariamente referirse al trabajo del inconsciente, que tiene como modelo el trabajo del sueño que se manifiesta en los grupos de trabajo.

Me apoyaré en una «epistemología convergente» y retomaré los aportes de la filosofía y de la clínica del trabajo, para confrontarlos con las investigaciones del psicoanálisis de los vínculos.

Dos ejes centrales serán considerados:

El primero concierne al grupo, es decir el escenario donde el trabajo se desarrolla, en particular el gran grupo. El grupo es considerado como un aparato psíquico de transformación (R. Kaës); se construye por la trama de los procesos originarios, primarios, secundarios y terciarios. El grupo como organizador central manifiesto y latente, la tarea, que constituye su finalidad. (Pichon Rivière)

El segundo aspecto se refiere al proceso de transmisión y de apropiación del saber, en el lugar de la acción, así como al reconocimiento del sujeto que trabaja.

 

Rosa JAïTIN
Habilité à Diriger des Recherches, Université Paris Descartes
Directrice Scientifique d’apsylien
Secrétaire Générale de l’AIPCP
Trésorier de la FAPAG

 

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